miércoles, 20 de junio de 2012

Lágrimas...



lágrima s. f.
  Cada una de las gotas vertidas por las glándulas lagrimales, que aparecen por una emoción intensa, por irritación del ojo, por risa,por amor etc.


Llora. Los brillantes ojos oscuros se apagaron. Unas lágrimas resbalan por sus mejillas, para terminar en el corazón. Le están haciendo daño, mucho daño...Está sentada sobre su cama, agarrando las piernas y con la mirada perdida pensando en él. ¿Cómo va a olvidarle? No puede, y lo sabe. Pero tiene que hacerlo. No puede pasarse la vida soñando. ¿Soñando? Así empezó todo, con un sueño. Se enamoró de él porque soñó con su beso. Con un beso cálido y dulce. A partir de ahí lo empezó a ver de forma diferente, pero ocultó su amor. Nadie lo sabía. Pero, un día alguien lo inventó. Y ella ya no  pudo ocultar la verdad y se lo dijo: le confesó que le quería, le habló de su blog, le habló de su amor, que lo intentara olvidar, aunque, en vano. ¿Y ahora? Hay días en los que ella desea no haberlo soñado.
 Dicen que los sueños se hacen realidad. Pero pregúntale, puede decirte que no. Mientras tanto, derrama la que espera que sea la última lágrima. Aunque probablemente no sea así.

miércoles, 13 de junio de 2012

Un saxofón y una flauta

Quizás os cuente esta historia por mi gran cariño hacia el saxofón. Puede ser, no lo se. Realmente nunca sé nada. Solo historias que vagan por mi mente esperando a ser contadas. Y esta es una de ellas.

Invierno de 1989. Una saxofonista toca en una calle. Su melena morena le cae sobre el hombro y con las manos sujeta su saxofón. Sus dedos pulsan elegantemente los botones. Sus ojos negros y rasgados se cierran lentamente, como si quisieran ir al ritmo de la música.
Llevaba un vestido amarillo, y en el suelo, la funda desgastada de su instrumento tenía algunas monedas. Vivía de ello: de la música. Era su vida...hasta que el entró en ella.
 Apareció una tarde. Parecía que iba a llover y ella había guardado el saxo para buscar un lugar cerrado en el que tocar. Enseguida lo encontró. Al lado de una vieja cafetería. No había mucha gente, pero ya estaba lloviendo y no podría llegar muy lejos sin paraguas. Se puso a tocar de nuevo y sintió una mirada sobre la suya. Levantó la cabeza buscando aquellos ojos. Y los vio. Eran marrones. Eran los ojos de un flautista que dejaba ver una sonrisa tras su flauta. Lo miró, y le sonrió. Otro músico. Pero aquel parecía tan diferente...
 Estuvieron una hora (quizá dos), uno cerca del otro, tocando, sin despegar los labios del instrumento.
 Cuando se hizo tarde recogieron y se fueron. Al día siguiente tocaron en el mismo lugar. Y al siguiente, y al siguiente más...
 Hasta que un día en el que todo estaba nevado, el se acercó a ella cuando recogía el saxofón. La miró durante un rato antes de decirle:
-Eres mi música.
 Ella le miró a los ojos. Su profunda mirada le producía una agradable sensación. Él volvió a repetir:
-Si...eres mi música.
 Viendo que ella no respondía añadió:
-La más hermosa música.
 Ella volvió a mirarle. Se acercó a el y el la besó en los labios. Y ese beso produjo la música más dulce jamás escuchada. Una música que solo la saxofonista y el flautista podían oír. Pero, al fin y al cabo, la más hermosa música.

jueves, 7 de junio de 2012

Notas para el olvido

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Guillermo hablara con Carlota. Todavía la recordaba: su sonrisa, sus ojos claros, su piel morena, sus rubios cabellos... ¡Cuántas veces había soñado con probar sus finos labios! Y ahora, recordarla y pensar que no la volvería a ver...Le dolía pensar en ello. No se habían dejado ni un número de teléfono. Cogió su guitarra, se sentó en la cama y empezó a tocar El mundo tras el cristal . Sería mejor que la olvidara. Dejó la guitarra a un lado y se acercó a la ventana. Fuera llovía. Sonó el teléfono de casa. Escuchó como su madre lo descolgaba y hablaba con alguien, luego escuchó pasos hasta su cuarto y se abrió la puerta.
-Guillermo. Es para ti.
- ¿Quién es?
-Una tal Carlota.
 Se le aceleró el corazón. ¿Cómo habría conseguido su número? No importaba. No podía hablar con ella. No podía verla más.
-¿Si?
-Guillermo. Soy Carlota.
-Lo siento, no conozco a ninguna Carlota. Te habrás equivocado.
-Ah...lo siento.
Y colgó. Sin saber que al otro lado de la línea una chica colgaba el teléfono llorando. Y el, tristemente volvía a su habitación para tocar la guitarra y olvidar.

miércoles, 6 de junio de 2012

Libertad en el mundo de los sueños

 Piensa que eres libre para soñar. En el mundo real existen prohibiciones que en tus sueños no existen. Cuando abres un libro gozas de esta misma libertad y seguramente, de mucha más.
 Puedes abrir puertas que nunca antes habías abierto, puedes incluso hacer crecer un amor que solo esperaba de un sueño para crecer, puedes probar unos labios que son imposibles de tocar...E. incluso tener en tus manos la magia de crear nuevas historias.
 Tu envejeces, ¿Y tus sueños? Tus sueños se mantienen iguales. Y aveces se vuelven recuerdos tan vivos que puedes llegar a pensar que son reales. Pero tienes que tener cuidado porque pueden llegar a ser totalmente  
peligrosos. Porque entre la realidad y los sueños...hay un abismo en el cual si no andas con cuidado puedes llegar a caer en el.