martes, 12 de noviembre de 2013

Suspiros.

Recorre su cuerpo. Sus ojos tan profundos, con esa mirada en la que sumergirte. Mira sus labios, que piden que le bese y siente la tentación de acariciarlos. Sus mejillas, que cuando se sonroja parece más joven, más tímido... Sus manos, grandes y cálidas, que aunque el frío sea terrible, el simple contacto contra su piel le proporcionaría el calor suficiente. Le mira, y sabe que no le pertenece. Le mira y sabe que sus ojos llevan grabado otro nombre, que sus labios rozan otros labios que no son los suyos, que sus mejillas se encienden ante la mirada de otra, y que sus manos tan solo le proporcionan calor a otra, y que estas exploran otro cuerpo que no es el suyo... Y entonces se da cuenta de que en esta vida no se puede tener todo, que la vida es injusta, que a veces hay que cambiar de rumbo. Pero también sabe que vale la pena luchar, que poco a poco y con esfuerzo puede lograr sus propósitos. Porque Cupido también cambia de opinión, y puede arrancar una flecha y cambiarla de lugar.