sábado, 19 de julio de 2014

Historia desde el futuro

Mi hija entró llorando entre lágrimas. Mire para ella con esa mirada de entendimiento, si ella deseaba contarme algo podría escucharla, pero solo si ella quería. La vi acercarse a mí. Se sentó en el sofá y se acurrucó en una esquina. Levantó la cabeza y me miró con sus ojos azules.
-Le quiero. Me ha dejado. Dijo que lo nuestro no podía seguir. ¿Crees que alguien más va a quererme tanto como lo hizo el?
La observé unos segundos antes de responder:
-Lo siento, pequeña. Pero podrás encontrar a alguien que te haga feliz. Aunque si estás tan segura de quererle puedes luchar. Si una vez conseguiste enamorarle, puedes volver a hacerlo. Pero todavía tienes quince años, querida.
Sonrió y le limpio las lágrimas del rostro. Suspiro.
-Voy a contarte una historia, querida.
"Una vez conocí a alguien. Le quería, claro que le quería. Me enamoré de el sin darme cuenta, y en cuanto supe que estaba enamorada de ese que me había estado apoyando porque estaba manteniendo una relación bastante crítica con alguien...dejé a ese alguien por el. El también me quería. Pasamos momentos felices, nos reíamos...pero era una relación a distancia. Era difícil, ambos éramos conscientes de ello. Yo sabía que le perdería, aún no había encontrado a alguien que fuese capaz de quererme y luchar pese a las distancias. Pero no me rendí. Éramos felices, soñábamos con el día en el que al fin estuviésemos juntos, el día en el que al fin podríamos abrazarnos...pero tras tres meses así el me dejó. Sin razón alguna. Fue un golpe muy duro, aunque me lo esperaba. Nunca he sido positiva, nunca me había valorado a mí misma. Era él el que me hacía verme bien, el que conseguía que no me odiase a mi misma. El saber que me quería era lo que me hacía continuar...yo estaba a punto de decirle que me gustaría fortalecer aquella relación y hacerla definitiva. Una amiga me había insistido en ello. Y me habría gustado que comenzasemos a ser "nosotros"...yo llevaba rara durante algún tiempo porque no sabía cómo sacarle el tema, tenía miedo a perderle por si él no quería eso. Nunca se lo dije. Pero le perdí igual.
Y ya no podía ser yo, no pude mirar a otro chico. Había visto la perfección con mis propios ojos y ya no era capaz de verla en otros. Extrañaba sus te quiero a cada segundo, a cada momento...y soñaba con que algún día me llamase con un: te echo de menos.
Y nunca perdí la esperanza...porque sin esperanza, ¿qué nos queda?".
-¿Y qué fue de el, mamá?
Se abrió la puerta y mi marido entró por la puerta.
-¿Dónde habéis dejado las...-nos observó detenidamente- llaves? ¿Ha pasado algo?
Negué con la cabeza y le sonreí.
-No. Las llaves están en la encimera de la cocina.
Aria nos observó a su padre y luego a mí detenidamente.
Le sonreí de nuevo y le guiñé un ojo.

jueves, 10 de julio de 2014

La cruda realidad

El mundo está cansado de todo.
Quisiera tapar los oídos y no enterarme de nada, no saber nada...
El mundo está asustado.
Vivimos en un país de injusticias, en un país que aparenta la libertad de la población, pero no es así.,.la gente no vive en un país que siga los ideales de la mayoría.

Hemos entrado en otra guerra sin habernos dado cuenta.

Si el país no hace caso a su gente, la gente tiene que hacerse escuchar. Lloráis porque han roto los cristales en las manifestaciones, porque han pintado en vuestros escaparates...daños absurdos en comparación con lo que están provocando los de ahí arriba : gente que se suicida porque no pueden continuar su vida, otros que viven en la calle, continúan los desahucios, siguen robando...
Los poetas vanguardistas se estarán riendo desde la tumba, porque estoy haciendo lo que muchos otros autores: juntar palabras para la teórica y no hacer nada en la práctica.
Pero no soy yo la que puede hacer nada en estos momentos. Somos todos.
Es hora de que esto cambie, y para hacerlo no podemos bajar la cabeza y mirar para otro lado, hay que armarse de valor y luchar.
Porque la batalla aún no ha terminado.
Y no debemos quedarnos sin armas en esta guerra.